miércoles 1 de junio de 2011

Metas para el éxito


El éxito es un concepto integral. De nada te vale tener mucho dinero si nadie te quiere o si estas tan enfermo que no puedes disfrutarlo.  Cuando en la búsqueda del éxito te enfocas en una sola área, bien sea espiritual, pareja, financiera o educación y descuidas tus amistades, familia, recreación o simplemente vivir pues terminarás con todo desbalanceado y sintiéndote cualquier cosa menos exitoso.  Para materializar el éxito que deseas en tu vida es importante que te establezcas metas.


Una visión sin acción es solo un sueño y una acción sin visión es sólo una tarea.


Barreras entre las metas y tú.
Todas las personas de éxito tienen en común el haberse propuesto alcanzar un objetivo.  Inclusive quienes parecen haber tenido un golpe de suerte que los catapultó hacia el éxito, tienen tras de sí historias de persistencia, perseverancia y motivación.  Entonces por qué la mayoría de las personas no se comprometen a alcanzar sus sueños, tengo algunas ideas al respecto que servirán para ilustrarte por qué sucede eso.

Falta de seriedad
Digamos que deseas tener un restaurante y ya te lo has imaginado, inclusive sueñas con sus instalaciones, qué tipo de comida servirás, a todo mundo que conoces le cuentas de tu sueño, que algún día –cuando te retires- te dedicarás al negocio de la comida.  Sin embargo no sabes qué se necesita para llevar adelante semejante empresa, ni qué regulaciones existen, ni cómo deben ser los locales, es más ni siquiera te atreves a ir al banco a preguntar por un crédito. 
Eso sucede en parte porque no te dedicas “en serio” a convertir tu sueño en realidad.  Dedicarse en serio no quiere decir que vas a soltar todo de una vez y de buenas a primeras te vas a consagrar a vender comida, aunque sea empanadas en la playa.  Dedicarse en serio quiere decir hacerte un plan de acción, aprender todo lo que puedas sobre ese negocio y gradualmente ir avanzado hacia esa meta.

Las metas no son importantes
Quienes comparten la filosofía de “cómo vaya viniendo vamos viendo” obviamente consideran que tener metas no es importante; no obstante, ellos no son los únicos que piensan así.  El tener objetivos en la vida debería ser inculcado en nosotros desde niños, así como aprendemos historia, matemáticas o lenguaje deberíamos recibir educación para vivir.  Por el contrario, muchos niños aprenden que los sueños no valen la pena el esfuerzo, que son fantasías y que la realidad tan dura del exterior volverá añicos sus esfuerzos.  Así tenemos muchos médicos que soñaban ser escritores, abogados que suspiran por dedicarse a cocinar o amas de casa que tienen a una diva del canto por dentro.
Vivir inteligentemente implica escoger, construir y moldear nuestro estilo de vida, más allá de las condiciones del entorno; y para que puedas lograr eso te resulta imperativo saber cuál vida quieres vivir.  Las metas son importantes porque ellas son la base del éxito.

Desconocimiento
Muchas personas no se establecen metas simple y llanamente porque no saben cómo hacerlo.  Tienen un sueño que desean convertir en realidad, pero llevarlo a la realidad concreta de una meta simplemente les cuesta porque no saben cómo, desconocen el proceso.  Si ese es tu caso, no te preocupes, más adelante encontrarás un ejercicio que te ayudará a tener claridad en tus objetivos.

Miedo
Dicen que “soñar no cuesta nada” más para algunas personas el establecerse metas las confronta con dos grandes miedos: el miedo al rechazo y el miedo al fracaso.  Si creciste en una familia donde las personas “fuera de lo común” o inclusive quienes han tenido éxito eran rechazadas, ridiculizadas o se ponía en duda la legalidad u honorabilidad de quien hubiese alcanzado algún logro importante, probablemente tengas mucho miedo al rechazo y prefieras vivir tranquilamente una vida “normal” que dedicarte a convertir tus más grandes anhelos en realidad.

Por otro lado, si vienes de una familia muy competitiva, donde todos tenían que ser los mejores y si tus calificaciones no llegaban al estándar de calidad exigido por tus padres o tus abuelos eras considerado la oveja negra de la familia; quizá tengas mucho miedo a fracasar y encuentras más seguro permanecer en esa ocupación que realizas muy bien que arriesgarte a seguir tus pasiones y fracasar en el intento.

Las 7 Reglas de Oro
La meta debe ser expresada en positivo: Cuando te trazas una meta deberías expresarla en términos positivos, describiendo exactamente lo que deseas alcanzar en vez de lo que quieres evitar.  Muchas veces sabemos exactamente lo que no queremos pero no somos capaces de describir lo que deseamos para nosotros.  La definición de los objetivos en positivo es poderosa porque fija la atención y permite focalizar los pensamientos.
Preguntas clave: ¿Qué es lo que quieres?  ¿Qué quieres en lugar de lo que tienes? ¿Qué prefieres tener?

La meta tiene que ser específica y medible: Es deseable que el objetivo sea lo más específico posible, sin ser perfeccionistas; es decir, describir con precisión lo deseado dentro de unos términos apropiados que den espacio para la flexibilidad; muchas veces la vida nos sorprende con algo mejor de lo que habíamos deseado. 
Preguntas clave: ¿Qué es exactamente lo que verás, oirás o sentirás cuando alcances tu meta? ¿Cuánto tiempo necesitarás para alcanzarlo? ¿Cuándo quieres alcanzarlo?

Decide cómo obtendrás la prueba y el feedback del logro del objetivo: Es importante definir por anticipado la evidencia que te permitirá saber si has logrado tu objetivo a través de indicadores que te permitan saber que, efectivamente, has llegado a tu destino.  Tal vez te sientas de una manera específica, verás algo determinado o estarás en un lugar exacto y, esas serán las señales de tu éxito.  Si no prestas atención a la retroalimentación de tu entorno puedes perder fácilmente el rumbo hacia tu destino soñado.
Preguntas clave: ¿Cómo medirás tu progreso hacia la meta? ¿Con cuánta frecuencia medirás tu progreso? ¿Cómo sabrás que has logrado la meta? ¿Cómo verificarás que estás en el camino correcto hacia la meta?

Organiza tus recursos: Necesitarás recursos durante el viaje, no cuando hayas arribado a destino.  Estos recursos pueden ser: objetos, como libros que has leído; personas o relaciones, como amigos o colegas; tiempo, pues alcanzar nuestras metas implica invertir tiempo en ellas y hasta cualidades personales que necesitemos desarrollar.
Preguntas clave: ¿Qué recursos vas a necesitar para alcanzar tu meta? ¿De cuales dispones ya? ¿Dónde encontrarás los otros?

Se proactivo: La proactividad es poner acción personal para lograr las metas, eres tú quien debe ponerle ganas a tus metas y no terceras personas.  Es importante que tus metas estén alineadas con tu propósito de vida para que tengas pasión por lo que haces.
Preguntas clave: ¿Hasta que punto controlas el cumplimiento de esa meta? ¿Qué harás para alcanzarla? ¿Qué puedes ofrecer a los demás de tal modo que se interesen por ayudarte?

Presta atención a las consecuencias más amplias de tus metas: No te fijes solamente en ti mismo, somos seres interrelacionados y, por ello, todas nuestras acciones tienen consecuencias para el sistema donde nos desenvolvemos.  Cada meta que perseguimos tendrá un impacto en nuestras vidas y también en la vida de otras personas.  Es importante tomar en cuenta esto desde el primer momento en que fijemos nuestras metas.
Preguntas clave: ¿Cuáles son las consecuencias para otras personas importantes? ¿Puedes mirar su impacto en ellas poniéndote en su lugar? ¿Cuál es el costo en tiempo, dinero y oportunidad? ¿A qué podrías tener que renunciar? ¿Cómo quedará afectado el equilibrio entre los diferentes aspectos de tu vida cuando alcances esa meta o durante su consecución?

Elabora un Plan de Acción: Cuando tienes un plan de acción en vez de esperar porque aparezcan las oportunidades, te conviertes en una persona proactiva que no solo encuentra oportunidades sino que las crea para sí mismo
Para realizar tu plan de acción comienza por hacer una lista de todas las tareas o actividades que debes cumplir para alcanzar tu meta, ve desde las más obvias y sencillas hasta las más complejas.  Lleva este registro por escrito, ordénalas y date un plazo para cumplirlas; recuerda, además, de establecer la recompensa que te darás al cumplir con cada una de ellas.  Asegúrate de incluir en tu plan de acción un área de formación que abarque las habilidades, destrezas y conocimientos necesarios para la consecución de tus objetivos.